Criar con sentido común. Por qué en casa no somos Montessori.

Buenos días!

Como muchos ya saben, quienes han estado siguiendo mis otros post sobre crianza, nosotros en casa hemos decidido practicar el homeschooling por cientos de motivos diferentes, y por ello necesitamos ir ubicándonos en cuanto a los métodos y sistemas para ir escogiendo lo que mejor se adapta a nuestro estilo de vida y a nuestra hija.

En el grupo de homeschoolers de aquí, Tenerife, y me imagino que en otros muchos grupos, se habla mucho sobre los distintos tipos de pedagogías quedando siempre como más destacado el método Montessori.

A mi en lo personal me gusta bastante esta pedagogía, pero ¿por qué no me considero una mamá Montessori? Porque no lo soy. Es decir, últimamente, y creo que lo he mencionado en un post anterior, me he fijado en que el tema Montessori se ha vuelto una especie de religión para muchas familias (no todas), y me he fijado que en ocasiones se fuerzan las cosas por el afán de ser Montessori. Es decir, es como si hubiese que hacer las cosas de una manera concreta, como si existiera la fórmula perfecta o mágica, o una receta que seguir al pie de la letra y yo considero que cada niño y cada familia son diferentes y tienen necesidades diferentes.

Para mi las pedagogías y los métodos o herramientas que ofrecen todas estas filosofías de crianza son una guía y una ayuda muy útil, pero de cada una escojo lo que siento que compagina y funciona bien en casa y en nuestra vida. Por eso no me “caso” con ninguna en concreto ni me considero “Montessorista” o “Waldorfista”, etc.

Hay cosas de Montessori que no me gustan mucho o no me convencen, y tampoco hay cosas que me gustan de Waldorf como, por ejemplo, el hecho de que en las escuelas regidas por esta filosofía no dejen que los niños aprendan a leer antes de los 7 años, aunque estos muestren interés.

Besay se interesó en las letras a partir de casi los 2 años y para cuando los cumplió ya conocía las vocales y las sabía escribir. Cada niño es diferente y considero que no se debe frenar  su aprendizaje.

En nuestro caso Besa nos pide que le “demos clase”, supongo que a raíz de ver al papá dar clases por internet con su tablero y sus rotuladores. A veces ella juega a ser la profe y se mete sus explicaciones metafísicas en chino mandarino jajaja y otras veces se sienta y te pide que le hables sobre algo, y no vemos qué pueda tener de malo hacerlo así.

Recientemente hemos decidido organizar unos temarios para Besay, e irle organizando un poco las semanas porque ella, aunque juega mucho y tiene mucho espacio y tiempo de juego libre, también pide tiempo de aprendizaje dirigido. Así que nos hemos puesto a la tarea de tenerle temas organizados a modo de juego temático a través del cual aprende algunas cosas.

Aunque eso ya lo contaré en otro post para no extenderme mucho, y les puedo comentar cómo nos estamos organizando, ya que también ha coincidido con querernos cubrir un poco las espaldas teniendo organizado una especie de currículo anual, con objetivos. Así que matamos dos pájaros de un tiro.

Besa está feliz con este sistema y nosotros también. Cuando conviene aplicamos metodología Montessori y cuando usamos otro método pues usamos otro método… Si es que estas cosas no están para ceñirse a ellas al pie de la letra, sino para disfrutarlas y tomar de cada una lo que nos guste (o eso creo!). Lo que a unos les funciona a otros no… y esto es así.

Y por eso no soy una mamá Montessori, aunque me gusta y en ocasiones lo practico hasta sin darme cuenta porque me sale de forma natural por mera coherencia, pero no por ceñirme al guión de forma estricta.

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