El parto. Llegó la hora!

El viernes por la mañana, a las 7:00 a.m, en el Hospital Universitario de Canarias, di a luz a Besay. Muy mañanera ella. Yo días y semanas atrás estaba muy precupada, porque soy muy aprensiva al tema de los médicos, las agujas, etc., y un parto para mí era como pasar por lo más terrible del mundo. Estaba muerta de miedo.

Les explico. En el Hospital solo hay 4 paritorios. Es increíble, pero así es. El HUC atiende y asiste a todas las mujeres empadronadas en San Cristóbal de La Laguna (mi municipio), que es el segundo municipio más grande de la isla de Tenerife. Comprende gran cantidad de pueblos. Así que se pueden imaginar. Resulta que durante las clases de preparación al parto me explicaron que en el HUC si no consigues uno de esos 4 paritorios no te pueden poner la epidural. “¿POR QUÉEEE?!!” pregunté yo tranquila y serenamente… “Porque para aplicar la epidural hace falta un monitoreo de tus constantes y de las del bebé, te ponen un catéter a través del cual se te va suministrando con una máquina la anestesia y eso no te lo podemos hacer si no es en un paritorio el cual dispone de todo el equipo necesario”.En ese momento un frío recorrió mi cuerpo… “¿Y si el día que me ponga de parto hay muchas mujeres que también se ponen de parto?” pregunté. “En ese caso te conviene ser de las primeras en llegar y en entrar a uno de los paritorios si quieres epidural”. Jajaja Así de sencillo. Como dice mi suegra: “fresco!”.Resulta que con los nervios de ser primeriza e inexperta, bajé en 2 ocasiones creyendo que era la hora y cada vez que bajaba me decían lo siguiente “más te vale no ponerte hoy de parto porque está todo lleno. Las mujeres están pariendo hasta en la sala de lactancia” (encima de camas normales y corrientes)… Hasta 11 mujeres a la vez. Qué locura y qué terror.

El hospital no daba a basto con los partos que asistió en esos días.

Bueno… yo creo que en contadas ocasiones he orado y suplicado tanto al Señor jajaja. Qué agobio…!!!!!!

El caso fue que la tarde que ingresé, que fue a las 19:00 de la tarde, no tenía sino 1cm dilatado. Ellos para dejarte ingresada tienen que ver que tengas al menos 3cm. Con 1cm no estás de parto. Me habían mandado para casa en varias ocasiones, pero para sorpresa de todos, esa tarde que bajé, me atendió una ginecóloga muy muy muy amable y simpática, y me dijo que como me veía mala cara y que las contracciones ya eran muy dolorosas me dejaría ingresada. Primera cosa rara que pasa porque ellos no hacen eso. Aunque estés chillando de dolores, que lo he visto, si no tienes más dilatado no te ingresan. Supongo que al estar aquello tranquilo no era un problema recibirme.

Luego resultó que después de estar colapsados con parturientas durante semanas sin dar a basto, el auxiliar de la ginecóloga me dijo que no me preocupase por nada, que esa noche no había ni una sola mujer pariendo. Yo era la única. Gracias al Señor. Recuerdo perfectamente el ambiente que se respiraba allí en ese momento. Las veces anteriores todo era estrés, mucha gente esperando por fuera, corre para aquí, corre para allá… Pero esa noche no. Todo estaba en silencio. Las luces estaban tenues y cuando toqué el timbre me abrieron al instante. Pasé y todo seguía en calma. Ni un alarido, ni un grito… Todo estaba en paz. Me llevaron muy amables a la sala donde me harían un registro. Allí estuve cerca de 2 horas, con el registro puesto. De vez en cuando me hacían un tacto para ver lo que había dilatado. No había avanzado nada! Las contracciones eran muy seguidas y dolorosas. Sin embargo las supe llevar de muy buena gana gracias a unos consejos que me dieron.
Más tarde me pasaron al paritorio número 1. Todo estaba en silencio. Tanto fue, que de pronto tenía a mi disposición a 5 matronas asistiéndome. Otra cosa extraña fue que la epidural la ponen a partir de los 6cm de dilatación, y sin embargo me la ofrecieron estando casi de 3cm. Así que me ahorré muchos dolores, siendo que ya llevaba más de 2 días con contracciones.

Obviamente acepté esa bendita epidural y a partir de ahí todo fue muy relajado. Las que quieran entrar en detalles con la epidural puede ver mi otro post aquí. Me cogió perfectamente ambos lados la anestesia y al cabo de 20 minutos dejé de sentir dolor alguno. Sentia perfectamente cuándo tenía una contracción, pero ya no sentía dolor. Solo el útero endurecerse y comprimirse a lo bestia. Eso era algo muy bueno porque así sabía cuándo tenía que empujar y cuándo no, dado que empujar si no hay contracción es absurdo. Es gastar energía y oxígeno. Solo se debe empujar cuando tienes una contracción.

Recuerdo que una vez estaba en mi paritorio, con mi epidural puesta y demás, ya más tranquila,… comenzaron a llegar mujeres de parto. Llegaban como churros. POR LOS PELOS!! Fue como si en medio de ese caos que hay cada día se hubiese hecho una pausa y gracias a eso pude tener mi paritorio. Yuhuuuuu!! El paritorio por dentro parecía el interior de la cabina de una nave espacial. Junto a la camilla habían todo tipo de máquinas.

Detrás de mí estaba un monitor que iba marcando los latidos del corazón de la niña y mis contracciones y lo iba imprimiendo. Parecía un sismógrafo jajaja. Mis contracciones eran bastante fuertes y los picos se veían muy elevados.

De rato en rato venían a hacerme un tacto y comprobar si había dilatado o no. Sorprendentemente, tras la epidural, continué dilatando de forma continua. Suele pasar que al poner la epidural todo se ralentiza.

A veces la dilatación se estaciona y todo se detiene sin más. Es entonces cuando hay que intervenir con cesárea.

Poco a poco Besay se iba colocando. Iba rotando y cambiando el plano. Todo iba perfectamente. Para ayudarla un poco a que fuese rotando sobre sí misma la matrona me pidió que me pusiera de lado, agarrada a la camilla y fuera empujando despacio, respirando bien.

Recuerdo perfectamente que minutos antes empecé a temblar de una forma exagerada. No sentía frío. Simplemente tiritaba como una loca. Era incontrolable! La matrona me dijo que era perfectamente normal. Era la reacción de la desencadenación del parto. Las hormonas estaban haciendo de todo! jajaja.

Yo no veía la hora de comenzar ya con el parto!! jajaja Quería ver a mi hija! Saber que estaba ahí, que ya se le veía la cabecita y que solo era cuestión de tiempo me ponía aún más nerviosa! Cada vez que la matrona entraba le preguntaba “ya puedo empujar??” y ella me miraba, se reía y me decía “todavía no mujer…”. Ooooooh!

Al fin, tras un rato muy largo, o eso me pareció a mi, la matrona me dijo “Bueno Aday, ya es la hora…”. El corazón me galopó en el pecho como nunca antes lo había sentido! Por fin!!! “Cuando yo te indique, empujaras bien largo y fuerte.” Entonces comenzó a guiarme aunque yo notaba las contracciones y como ya dije, eso ayudó muchísimo.

Todo parecía ir bien, hasta que comencé a observar que ponían caras entre ellas. Besay asomaba la cabeza y la volvía a esconder. Se me tuvieron que subir encima del estómago para que la niña no retrocediese… Ahí comencé a pasarlo mal. Me vomité varias veces de la fuerza que hice… Me costaba muchísimo oxigenarme bien respirando profundo con el codo de una de las matronas encima de mi esternón para evitar que la niña retrocediera. Sabía que era muy importante para Besay que yo respirase muy profundo para que en este momento de presión para ella, estuviese bien oxigenada. De repente una de las matronas envió a otras 2 a preparar el quirófano porque me iban a practicar una cesárea de urgencia. Besay no quería salir. A Freddy, mi marido, que había disfrutado de un parto de lo más tranquilo (nada de lo que esperábamos), se le bajaron los plomos y se tuvo que sentar. Le levantaron las piernas para que no se desmayase jajaja. Le causó mucha impresión verme así. Cuando dijeron lo del quirófano a los dos nos cambió la cara. Yo pensé “después de haber pasado por la versión cefálica externa, mil horas de contracciones, que desde el martes por la tarde las he estado aguantando, y estamos a viernes de madrugada… voy a tener que comerme también la recuperación de una cesárea?” Me desinflé muchísimo en ese momento.
De pronto una de las ginecólogas comentó que tal vez podría funcionar utilizar los fórceps para evitar una cesárea pero según las constantes vitales de Besay, estaba habiendo sufrimiento fetal por el tiempo que llevaba así. Le sacaron una muestra de sangre de la cabeza. Pobrecita. La analizaron rápidamente y vieron que no había un mal nivel de oxigenación en la sangre de la niña y decidieron intentar el fórceps.

Al final, y como enganchada por la cabeza Besay consiguió salir. Estaba como morada y cuando la vi me asusté porque parecía muerta. El cuerpo le colgaba como inerte. Venía con la mano por delante (esa que ahora me cruza cuando le voy a dar el pecho y que le tengo que apartar a cada instante jajaja) y por eso no hacía sino rebotar para adelante y para atrás sin terminar de salir. Encima poco antes de eso, me asusté también porque algo sucedió que de pronto las máquinas dejaron de registrar el sonido del corazón y se miraron entre sí como asustadas y queriendo disimular, pero yo me quedé de piedra y sin saber qué decir o hacer… y de repente una de las chicas se puso a indagar y dice al final: “ay! el cable se había desconectado!” … uuffff qué estrés…. jajaja En fin.

Al final, a las 07:00 a.m de la mañana, di a luz. Cuando Besay salió no respiraba… solo hacía un intento de respirar pero no podía. Se estaba asfixiando y se la llevaron sin dudar a la UCI. La metieron en una incubadora con una máscara de oxígeno.

A los pocos minutos me pidieron que volviese a empujar y salió la bolsa. Todo estaba bien. No hubo necesidad de hacer legrado ni nada. Menos mal. Luego, la ginecóloga se sentó frente a mí, y comenzó a coser.

Al cabo de unos minutos me devolvieron a la sala de registros sin la niña y sin saber nada de ella. Fue duro.

Más tarde me subieron a planta, a una habitación del hospital donde me quedé por 2 días recuperándome. Cuando la anestesia se fue, al cabo de unas 2 horas aproximadamente, comencé a sentir los efectos de los fórceps… Muy duro.

Desde que sentí que podía caminar, con pesar y dolor, me levanté para ir a ver a Besay y desde ese momento no me quise separar más de ella.

A mi me dieron de baja un día antes que a Besay, con lo cual me tocó pasar todo el día con mis maletas y cosas personales junto al nido de mi peque, porque no la quise dejar sola y porque sabía que darle el pecho era muy importante. Una vez pasó esa mala exeriencia en la UCI neonatal a Besay le dieron el alta el lunes y pudimos irnos.

 

Por fin en casa!!

Y esta es la historia de mi parto. Espero les haya gustado y le sirva a aquellas que, como yo, están pasando muchos nervios con ese momento y necesitan saber cómo se vive y cuál es el protocolo, aunque cada parto es diferente, pero aquí dejo mi experiencia para quien le sirva.

Yo la verdad es que me siento orgullosa de haber pasado las contracciones, todo gracias a 2 consejos muy buenos que me dieron y que decidí cumplir a “rajatabla”. Mi marido también se quedó muy contento de cómo lo llevé todo, con mucha tranquilidad y mucho humor.

La máquina de los registros al fondo con el papelito saliendo y en la esquina inferior de la izquierda, está la otra máquina que administraba la epidural

 

El papel de la epidural firmado!

 

Gracias a Dios porque todo salió bien!

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