La Versión Cefálica Externa (VCE). Mi experiencia

La versión cefálica externa consiste en darle la vuelta al bebé de forma manual y desde fuera (como si de un masaje se tratara). Se suele practicar durante la semana 36 porque el bebé dispone de espacio y líquido suficientes para poderlo mover con facilidad. Con más semanas es complicado hacerlo, y por ello no lo hacen, porque el bebé está más encajado y dispone de menos movilidad (aunque hay muchos que en la última semana, e incluso en el último momento se dan la vuelta solitos).

El motivo para realizar esta maniobra es que el bebé aún no se ha colocado de forma cefálica. Es decir, con la cabeza hacia abajo. Eso fue lo que sucedió. En la semana 36 me hicieron otra ecografía en el hospital para comprobar si mi bebé seguía de pie tan ricamente. No estaba exactamente de pie sino sentada, que era peor porque el lugar donde debía encajar su cabecita tenía encajado el pandero jajaja. A ver cómo sale de ahí! jajaja. Me preguntaron si quería recibir información sobre algo que me podían practicar: la versión cefálica externa. Yo dije que sí y me hicieron esperar fuera para que me pudiese ver la jefa de ginecología del hospital, que es quien realiza este tipo de maniobras, y durante la espera me trajeron un consentimiento para firmar y que trataba los posibles riesgos de la VCE.

Cuando me atendió la ginecóloga me explicó cómo sería en caso de acceder. Me dijo que me podía echar atrás en cualquier momento, que no había problema alguno. Yo le dije que prefería esperar a ver si de forma natural ella se daba la vuelta solita, porque me resulta algo muy agresivo (pueden ver vídeos en youtube). Pueden hacerle daño al bebé, pueden desencadenar las contracciones y por ende el parto, puede haber sufrimiento fetal con lo cual tendrían que practicarme en el mismo instante una cesárea… Eran muchas cosas las que me preocupaban, pero la ginecóloga me dijo que no tuviese miedo porque era una buena candidata para poder optar a esa opción, dado que no todas pueden. Al no tener grasa acumulada en mi estómago, estar bien de líquido, la posición de la bolsa en el lugar correcto y la niña no ser demasiado grande todo apuntaba a que se me podía practicar la VCE.

El día antes de hacerme la VCE tuve cita con la ginecóloga. Volvieron a ratificar lo mismo, que la niña no se había movido del sitio. Al terminar todo el protocolo me dijeron “mañana vente al hospital con tus cosas y las de la niña por si acaso haya que practicarte una cesárea y ya te quedes ingresada”… jajaja La verdad, no sé qué cara se me habrá visto, pero fue algo muy fuerte para mi. Cómo??! Y si mañana ya veo a mi hija??! Empezaron las dudas en mi cabeza… y si no quiero que me hagan eso por si me la tienen que sacar y en vez de nacer con sus 40 semanas nace con 36 nada más? Aunque hayan muchos niños que nacen incluso antes de las 36 semanas y estén perfectamente no quita que ella esté mejor en el útero, terminando de prepararse hasta que le llegue el momento de forma natural…

Todo esto en parte me daba rabia porque pese a haber pasado un embarazo de lo más relajado y placentero (a excepción de la pequeña crisis con respecto al verano y las piernas hinchadas – ver post), los 2 últimos meses me los amargaron. Me hicieron ir mil veces al hospital porque en una ocasión una ginecóloga me dijo, asustándome bastante, que la niña estaba flaca, que pesaba muy poco y que estaba escasa de líquido y que posiblemente me tendrían que inducir el parto. Así que me citó con la jefa de ginecología de nuevo para que me lo valorase y ese mismo día decirme si me quedo ingresada o no… jajaja otra vez lo mismo. Con mis cosas y las de la niña para el hospital, muerta de nervios y miedo. En fin, esa es otra historia que contaré en otro post.

Al fin llego por la mañana temprano y como me habían pedido que fuera, sin beber agua desde la noche anterior, en ayunas y casi sin dormir de la preocupación. Volvieron ooooootra vez a hacerme otra ecografía y al ratito de esperar por fuera me pasaron a la sala de registros. Allí estuve unas pocas horas.

Aquí empieza lo divertido. Una “novata” (pobre chica), se puso poco más que a hacer prácticas conmigo. Con ella estaba un enfermero que le indicaba lo que tenía que hacer… “le vas a tomar una vía”… jajaja Yo pensé… ¿qué?!… no me fastidies que no estoy yo para que me tomen por conejillo de indias. Me dio mucha rabia aquello porque ya tenía bastantes nervios con lo que me iban a hacer como para que encima me estuviesen dando esa “tranquilidad” durante mi estancia allí antes de hacerme la VCE. Se puso a decirle paso a paso cómo ponerme la vía y encima la tía metió la pata porque sin quitarme la cinta que te anudan en el brazo, se puso a tirar hacia afuera con la jeringuilla para sacar la sangre y claro, de ahí no salía nada por la cinta que cortaba el paso de la sangre, así que el enfermero puso cara de “oooops!!” (más tranquilidad para mi con esa cara jajaja), y cuando se tiró sobre mi brazo para quitarme rápido la cinta mi sangre salió disparada jajaja yuhuuuu!

Una vez tomada la vía, me pusieron un suero en el cual añadieron un relajante muscular y un medicamento que evitaría posibles contracciones durante la maniobra de la versión. Por desgracia el medicamento me bajó la tensión hasta los tobillos y me tuvieron que poner oxígeno, subir los pies, etc. jajaja. De veras que todo lo que me podía pasar me pasó. Una de las veces una de las ginecólogas que participarían de la versión pasó por delante y se quedó estupefacta mirándome y mirando al enfermero y diciendo…”pero si no le hemos hecho nada aún… ¿por qué tiene oxígeno y esta pinta tan mala?”

Al cabo de un rato lograron estabilizarme, porque me dio también una pequeña taquicardia con los nervios y con todo. En fin! Al cabo de 2 horas me llevaron con la misma camilla en la que estaba hasta el quirófano. ¿Por qué en el quirófano? Pues porque si durante la maniobra había algún inconveniente, como por ejemplo veían que había sufrimiento fetal, me daban de pronto contracciones, etc., tendrían que practicarme una cesárea de urgencia.

La verdad no me hizo nada de gracia entrar allí. Recuerdo que cuando me metieron por el quirófano atravesé primero una mini habitación, donde tenían preparadas todas las cosas para poner a Besay allí. Atravesamos otra puerta y allí estaba la camilla del quirófano. Me cambiaron de cama. Todo era muy frío en todos los sentidos. Imaginé cómo sería pasar por una cesárea y bueno, me dio mucho miedo. El no poder estar con mi marido allí para apoyarme, el no parir a mi hija de forma natural, etc., me puso muy inquieta. No tenía por qué pasar nada malo, y de hecho no pasó, pero lo que me iban a practicar tenía un 50% de posibilidades de éxito y eso significaba que habían muchas probabilidades de que me tuviera que ver en esa misma sala dentro de unas pocas semanas para hacerme una cesárea programada.

Sé que hay muchas mujeres que han pasado por cesáreas y no solo están felices y perfectamente, sino que sus bebés también lo están. Pero yo no podía evitar sentir pánico ante esa posibilidad.

Allí estaba un equipo de ginecólogos y matronas esperando. Todos muy amables y cariñosos conmigo. Me quisieron sondar para poder hacer la maniobra mejor, sin que el hecho de tener la vejiga llena pudiera dificultar las cosas. Sin embargo, como buena miedosa que soy jajaja insistí en levantarme yo solita e ir al baño. Así lo hice. Una de las ginecólogas me acompañó y esperó por fuera. Qué incómodo!! jajaja. ¿Cómo me podía concentrar así? Ante el miedo de que me sondaran, cosa que no me hacía ni pizca de gracia, cuando me preguntó “¿¿ya querida??”, yo, mentirosa de mi, dije “si!” jajaja. Era mentira, no había podido hacer nada, pero pensé… “bah… un poco de pipí no le hará mal a nadie” jajaja.

Salí haciéndome la que puede andar perfectamente, siendo que me habían dado 2 relajantes musculares y las piernas me bailaban. Además, me habían dicho que tenía que ir al hospital sin haber comido ni bebido nada desde las 22:00 de la noche anterior. Qué fatiga!

Cuando por fin volví a recostarme en la camilla me dijeron que me relajase, cosa que costaba no solo por los nervios sino porque hacía muchísimo frío y no podía evitar contraer los músculos y el cuerpo en general.

Allí mismo me monitorearon, me hicieron una última ecografía para comprobar que no se había dado la vuelta todavía y se pusieron manos a la obra.

Me embadurnaron la barriga con un gel lubricante para poder hacerlo mejor.

El dolor que pasé durante la versión fue muy desagradable. De veras. Nada me había dolido así en la vida. La jefa de ginecología puso su mano en la parte baja de mi vientre, apretó y, sin levantar la mano, la arrastró hacia arriba, para desencajar el culete de mi niña que estaba tan ricamente sentada. Con la otra mano, que la había colocado en la parte superior, donde estaría la cabeza, comenzó a hacer girar y de esta forma empezó a mover a Besay. Ese dolor era como si me arrancasen la piel y las tripas a la vez. Fue horrible. Cuando la había girado lo suficiente como para dejarla en horizontal, yo no podía parar de gritar y pedir que por favor parasen. Las otras agarraban mis brazos, que los tenía abiertos de lado a lado, como en cruz. Aquello fue como una tortura.

Ilustración Versión Cefálica Externa
Ilustración Versión Cefálica Externa

 

 

 

 

 

 

 

 

Antes de hacerme la versión vi muchos vídeos en youtube y no me pareció en ninguno que la mujer pasara dolor, pero luego me enteré de que en la mayoría de casos aplican anestesia. A mi no me pusieron nada. Me lo hicieron a pelo.

Cuando terminaron, recuerdo que todo pasó en 2 minutos, pero fueron los minutos más largos que recuerdo, rompí a llorar como una magdalena. La jefa de ginecología me abrazó y me hizo una ecografía nuevamente y me dijo “Mira! No llores! Tu hija está perfectamente y de cabecita! Ahora podrás parir a tu peque con normalidad!”. Para mi fue una alegría mezclada con un sentimiento de abandono, desamparo, malos tratos…  jajaja. No sé cómo explicarlo!

No quiero asustar a ninguna, pero quiero ser franca porque si todo lo pintan siempre de color de rosa, nos podemos llevar sorpresas por no estar preparadas. Cuento la verdad y es que a mi me dolió muchísimo.

Recuerdo que por miedo a lo que pudiera pasar, semanas antes de la versión, traté de hacer que la niña girase ayudándola con posturas. Pero nada funcionó. Sé que hay muchas a las que les ha funcionado, o que se han negado a la versión y a última hora se les ha colocado el bebé, etc., pero mi caso no fue ninguno de esos. Besay no giró y ante la posibilidad de que no girase por si sola y el hecho de que la versión solo me la podían hacer esa semana… opté por dejarme hacer. Tal vez si llego a saber que iba a ser así de desagradable hubiera dicho que no… No lo sé.

Tras la versión me dejaron como una hora en la sala de registros, bajo observación para ver qué tal evolucionaba la cosa y si sucedía alguna anomalía, pero nada raro pasó. De modo que me dijeron que podía vestirme e ir a casa y así hice! jajaja Salí pitando de allí.

En realidad tuve mucha suerte, gracias a Dios, no solo porque no pasó nada malo, sino porque tuve la oportunidad de que le diesen la vuelta. Recuerdo que en la sala de registros había otra chica a la que le iban a hacer una cesárea porque no lo tenía colocado tampoco, pero al preguntarle por lo de la versión cefálica externa me dijo que a ella no se lo podían hacer porque la colocación de la bolsa no lo permitía. Así que no a todas se les puede hacer y yo pienso que tuve mucha suerte, dentro de lo que cabe.

Se trata de meditarlo bien, ver los pros y los contras que puede tener y tener presente que no va a ser algo agradable, aunque la parte positiva es que apenas dura 2 minutos contados y, repito, a mi me dolió así porque no me pusieron anestesia, lo cual, según mi amiga anestesista, estuvo muy mal!

Mucha suerte y, a las que vayan a pasar por esto, que todo os salga bien! Ánimo!

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