Evita pegar o gritar a tus hijos. ¿Se puede, o es un cuento de ciencia ficción?

Hace poco tuve un debate por Facebook, en mi fb personal, sobre pegar con una persona que defendía la famosa “cachetada a tiempo”. En realidad este asunto es mucho más espinoso de lo que se plantea, porque para dar con la respuesta correcta hay que derribar muchos conceptos adquiridos desde la niñez (la nuestra) y supone todo un reto de superación personal que no es fácil. Nos tenemos que poner delante del espejo y analizarnos detenidamente…

Cada quien escoge en su hogar la metodología que considere más eficaz…pero, a veces, nos esforzamos poco por hacerlo mejor o solo repetimos patrones, porque estamos convencidos de que funcionan y son la mejor opción, o porque simplemente no los cuestionamos.

Una pregunta… ¿cuándo un niño se pone malcriado? ¿Qué queremos decir con “malcriado”? ¿Nos referimos a las típicas perretas, caprichos y reacciones explosivas de llantos, gritos o protestas?

Eso no es ser un niño malcriado. Eso es ser un niño.

Hay niños que son más tranquilos y serenos que otros, pero eso no significa que los que no son tan tranquilos ni serenos sean unos “malcriados”.

Una “cachetada a tiempo” no está a tiempo de nada y no ayuda en absoluto. No es necesaria y solo muestra a un adulto que no sabe controlar su frustración. El niño no aprende nada y se limita a tragar sus emociones y necesidades. No aprende a gestionarlas porque corremos a sofocar su “incendio” emocional con gritos o impaciencia. ¿Será que no tiene derecho de expresar un enfado o desagrado? ¿Qué nos pasaría a nosotros, los adultos, si se nos tuviese prohibido enfadarnos o mostrar desagrado?

Reflexionando sobre este asunto me doy cuenta de que definitivamente tratamos a los niños como si fuesen “cosas diferentes a nosotros” y creemos que necesitamos un manual y un curso de “adiestramiento” para aprender a manejarlos. Pero, ellos son exactamente igual que tú y que yo. Son personas!

¿Sabes tú manejar y controlar tus emociones? ¿Pierdes con facilidad la paciencia? ¿Qué te gustaría que hicieran los que te rodean, o sin ir más lejos tu pareja, cuando te sientes estresada, frustrada, iracunda o celosa? ¿Te gustaría que tu pareja te dijera “no voy a hablar contigo hasta que dejes de llorar”? ¿Tal vez que te den una cachetada? ¿Que te ignore o te grite? ¿Verdad que pensar en algo así resulta exagerado y absurdo?

Hasta hace poco me estresaba bastante con Besay, mi hija de casi 3 años. Ella es una niña asombrosamente activa… y exige mucho durante el día. Realmente agota. Así que tomé una decisión: mejorar yo como persona. Tomar yo control de mis emociones y ser coherente. De otro modo no iba a poder disfrutar la maternidad y Besay iba a tener una madre amargada y regañona. Llevaba tiempo leyendo sobre eso de criar sin gritos y sin nalgadas, y, honestamente, aunque me sonaba “fenomenal de la muerte” no conseguía ponerlo en práctica. Al final siempre se me escapaba un grito y, en casos muy excepcionales, una nalgada. Lo otro me parecía una forma de ser sumisa al 100% y cuando lo ponía en práctica me salía mal porque mi concepto de criar sin gritos y sin nalgadas estaba mal enfocado y me veía como una boba detrás de Besay.

Lo que empecé a hacer cuando le daba una perreta o comenzaba a “bloquearse” tomando una actitud negativa, es agacharme, ponerme frente a ella, bajando a su nivel para que me vea cara a cara y desde una posición mas de tú a tú y cercana, probar a abrazarla, tratar de explicarle las cosas sin histerias… sin frustración… porque hacerlo de otro modo es hipócrita! No le puedes gritar a alguien y decirle que no se grita… por ejemplo. Ni zanjar un problema con un bofetón como hacen otros…porque educamos con violencia y haciéndoles creer que pegar de forma puntual es necesario y positivo… Por desgracia casi todos los que reciben cachetadas, nalgadas, gritos, etc., cuando son niños terminan justificando de adultos estos actos y lo ven como algo normal, aceptable y, algunos, hasta lo agradecen.

Pero siendo honestos… un adulto incapaz de mantener la calma no tiene derecho de exigirle a un niño, que a penas sabe controlar sus emociones, que lo haga. ¿No lo hace el adulto siendo adulto y se lo exige a un niño? Algo está mal…

Si lo piensas no tiene sentido que a los cachetones algunos los llamen “principios” o que nos consideremos personas antiviolencia cuando luego cacheteamos a nuestros hijos o les gritamos. Cachetear es golpear. Eso es violencia se mire por donde se mire y no corrige.

Hasta qué punto se nos inculcan las cosas… Un cachetón “a tiempo” nunca estará a tiempo de nada… Y por mas hierro que se le quite al asunto una agresión jamas dejara de ser agresión… sea a un niño, a un adulto o a quien sea.

Pero todo esto no funciona si no lo tomamos en serio. Es decir, es un compromiso con uno mismo. Tomar la decisión de querer controlar tus emociones, saberlas gestionar y desarrollar inteligencia emocional, porque no se trata de aguantar y aguantar y aguantar, porque al final siempre terminas explotando… Se trata de gestionar y procesar las cosas… Se trata de que cuando estás pasando por un momento realmente estresante seas capaz de no explotar, porque, no nos damos cuenta, pero descargamos nuestro estrés general y personal en el niño en cuanto este le añade a nuestro vaso la gota que lo colma.

Un ejemplo práctico, de mi vida personal, que además pasó ayer. Después de mucho esperar para poder arreglar mi portátil, porque tenía la pantalla estallada, me llegó por la mañana una pantalla nueva. Me decidí a cambiarla yo misma y aprender algo nuevo. Así que me puse manos a la obra. Mi portátil no es sencillo que digamos porque este modelo que utilizo viene con un rollo patatero para el sonido y se hace más complicado quitar las carcasas y despejar el camino para poder quitar y poner la pantalla.

Después de una hora desmontando cosas con mucho cuidado, pasando calor, con 200 tornillos diminutos puestos cautelosamente sobre la mesa y con riesgo de estropear algo del portátil y/o de que se me cayera la pantalla nueva por un mal manejo… ¿a que no saben?… Besay decidió que quería ayudarme jajaja. Empezó a tocar mis tornillos diminutos… que caían al suelo de 2 en 2… a cambiarle la punta al destornillador… Todo esto mientras yo sostenía la pantalla nueva e intentaba conectarla y sudaba porque para colmo se había metido calor. Además tenía en la cabeza que en breve tocaba hacer la comida y no me estaba dando tiempo de dejarlo todo montado, etc., etc., y Besay venga a toquetearme las cosas… Realmente tenía ganas de gritarle, pero respiré hondo y analicé la situación.

Primero, quizás no debí ponerme con eso en una zona tan accesible para Besay y tampoco había calculado el tiempo que me podía tomar, con lo cual se me podían juntar varias tareas a la vez. Fallo mío.

Segundo, Besay no tiene la culpa de que me esté costando tanto instalar la nueva pantalla, que era lo que más me tenía desquiciada. Era mi problema, porque quise yo ponerme con esa “aventura”.

Tercero, Besay no tiene la culpa de que haga calor y yo esté sudando como una cerda jajaja.

Cuarto, Besay en su inocencia está tratando de ayudarme, así que en realidad está haciendo algo positivo.

¿Y yo le voy a gritar? … No.

Así que tras razonar, examinar mis emociones y filtrarlas, decidí que no la iba a coger con ella, entre otras cosas, porque le estaría dando muy mal ejemplo poniéndome histérica.

¿Y saben qué he descubierto en muy poco tiempo? Que cuando te tomas 10 minutos más, para hablar de forma calmada, atiendes a sus emociones y le dedicas un gesto de cariño… colabora!

Sí que tiene resultados… y lo noto mucho en su actitud. Cuando le pido alguna cosa, no se pone tan rebelde y reacciona más veces de forma positiva que negativa.

Por desgracia esta forma de hacer las cosas es muy contraria a la norma general, y chocas con la gente, especialmente con los familiares que no entienden “por qué les consientes las cosas”. Para mi no es consentir, sino dejar que, hasta cierto punto, se expresen y desarrollen, y no por ello los estás malcriando. No es que no le pongas límites, sino que no me vuelvo loca analizando y controlando cada cosa que hace. Soy consciente de que es una niña y que como tal, necesita aprender por sí misma muchas cosas.

En ese sentido considero que me he relajado bastante y me ha sentado muy bien. Miro a mi hija y veo lo que es, una niña, y le dejo ser quien es.

Cuando me estreso decido hablarle bien, explicarle las cosas y no imponérselas u ordenárselas porque eso solo genera mal rollo y rebeldía.

Sé que no es fácil y pese a que no somos perfectos intentamos hacerlo lo mejor posible. Pero hacerlo lo mejor posible solo es posible si realmente y de corazón intentamos hacerlo mejor… si no, solo estamos haciendo las cosas como nos salen. 

Por último, aunque sé que me ha quedado un poco largo el post, solo quería añadir que me gustó mucho algo que leí:

“Todo el mundo habla de paz, pero nadie educa para la paz. La gente educa para la competencia y este es el principio de cualquier guerra. Cuando eduquemos para cooperar y ser solidarios unos con otros, ese día estaremos educando para la paz.”
María Montessori.

“No se le debe pegar a un niño por la misma razón que no se le debe pegar a un adulto”
Carlos González, pediatra.

cartel montessori besay

 

2 ideas sobre “Evita pegar o gritar a tus hijos. ¿Se puede, o es un cuento de ciencia ficción?”

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