¡Rabietas! ¿Por qué le dan rabietas a nuestro hijo y qué podemos hacer?

Benditas rabietas! jajaja A veces recuerdo un anuncio de televisión que vi hace tiempo. Una madre en el super con su hijo pequeño al que le iba a empezar a dar una rabieta… Entonces la madre se le adelantó y se tiró al suelo y comenzó a dar pataletas y gritar. Ante semejante espectáculo el niño se recompone y se queda atónito mirando a la mamá hacer un berrinche de los gordos. La mamá termina su rabieta, se pone de pie, se sacude la ropa y lo mira en plan…”qué! ¿te gustó?” y siguió con el carrito como si nada por el super… jajajaja.  ¿Lo vieron?

Pues cuando Besay se pone con una de sus rabietas (aunque no son tan exageradas) me siento tentada de hacer lo mismo. Bueno… confieso que una vez lo hice por curiosidad, y a parte de escuchar la risa de mi marido de fondo, Besay se quedó igual que el niño del anuncio… Perpleja.

Sin embargo, aunque solo lo hice una vez, déjame decirte algo…. noooooooo es la mejor manera de hacer las cosas.

 

 Los niños lo hacen porque simplemente no lo saben hacer mejor. Algo les fastidia, les enoja o les molesta y sus sentimientos sencillamente explotan. Son muy pequeños para saberlos gestionar, y en esto debemos ser honestos, porque nosotros, aun siendo adultos, muchas veces tampoco sabemos hacerlo de la forma más adecuada. Así que es ridículo exigirle a un niño que “se comporte”.

Lo que sí podemos hacer nosotros es dar ejemplo. Es decir, no reaccionar de forma similar ante una situación de estrés, porque entonces, ¿qué les estamos enseñando? En el plano teórico les decimos una cosa.. pero en el plano práctico estamos haciendo otra muy distinta.

¿Somos elocuentes y responsables de nuestras palabras?

¿Te has preguntado alguna vez si tú u otro familiar en casa provoca esas rabietas en el niño?

  

 Si si… Exacto. ¿Cómo le dices las cosas?

Van a cenar, pero el niño está viendo los dibujos. Sabes que estás ante una situación potencialmente “berrinchuda”. ¿Cómo le dices a tu hijo que deje los dibujos y se siente a cenar?

A). “Hijo, apaga ya eso que vamos a cenar!”

B). Le apagas directamente los dibujos y le ordenas que se siente a la mesa.

C). “Cariño, ¿qué estás viendo?”… “Aahh! esos dibujos tan chulis!”… Entonces miras el tiempo que les falta para terminar y en base a eso le dices… “cuando terminen (faltan 5 minutos) cenamos, vale?”.

Otro ejemplo de la vida real: Están en casa y van de visita a casa de la abuela. Le dices al niño:

A). “Vamos a ir a casa de la abuela. Vístete!”.

B). “Vamos a ir a ver a la abuela… ¿qué prefieres ponerte, la camisa amarilla o la camisa blanca?”.

A veces es más simple evitar el berrinche o la rabieta que sofocarla una vez esta explota, y lo peor de todo es que no nos damos cuenta de que la mayoría de veces las provocamos nosotros. ¿Qué tal que tu esposo o tu esposa te apaguen la tv de pronto y te digan “a cenar”? jajajaja me puedo imaginar la escena… “Peeeeeerdooona?”…

Los niños solo necesitan un poco de paciencia y psicología. No son extraterrestres. Son personas como nosotros! Si sabes que estás en una situación que puede ser potencialmente berrinchuda, párate un momento y piensa cómo le vas a plantear las cosas a tu hijo. Recurre, si te es posible, al factor “elección”. ¿Quieres ponerte esto o lo otro?, ¿cuál te gusta más?, ¿prefieres este? Todas esas preguntas, esas opciones le dan al niño autonomía y lo vuelve participativo. Pierden de vista la parte de la obligación, el mandato, porque se centran en que se les dio la opción de elegir.

Otras veces un simple “¿me ayudas?”, es mejor que un “haz esto!”.

Ni a adultos ni a niños nos gustan las órdenes. Si tu hijo es de tener rabietas, hazte el siguiente autoexamen y analiza cómo le dices las cosas. Es mejor invertirle 2 o 3 minutos más explicándole algo o proponiéndole algo al niño, que ordenarle las cosas y perder después 10 minutos (o más) tratando de calmarlo.

Otras cosas que funcionan son hablarle desde su mismo nivel. Es decir, agachándote a su altura y hablándole cara a cara buscando un tono suave.

Por su puesto, estos consejos los escuché primeramente del pediatra Carlos González y tras ponerlos en práctica puedo decir que sí noto diferencias.

Perder nosotros la calma no tiene sentido porque estaremos también demostrando otro tipo de rabieta delante de nuestros hijos, y ponernos autoritarios con ellos solo va a generar rebeldía y desconformidad.

No existe niño difícil.
Lo difícil es ser niño en este mundo de gente cansada, sin tiempo,
ocupada, sin paciencia y con prisa. 

 

Deja un comentario