Cuando la crianza con respeto se vuelve “trending” pero no algo real

¿Saben una cosa? Encuentro menos juicios la mayoría de veces entre padres que educan de forma “convencional” que entre padres que practican la crianza con respeto y apego.

Curioso, ¿verdad?

Hace poco leía el comentario de una madre en Facebook que hablaba sobre cómo emplean sus métodos en casa, y aseguraba orgullosa que se basaba en Montessori y explicaba todo lo que hacían con su hija al detalle. Hizo toda una exposición de juicios y prejuicios con respecto de otras madres que comentaron que sus hijos de 3 años todavía comen con ayuda, en lugar de comer solos.

Padres y madres necesitamos apoyarnos unos a otros. En mi caso, Besay prefiere que nosotros le demos la comida por pura costumbre, ya que este tema de la alimentación fue algo de lo que nunca me llegué a informar, y una vez lo hice ya ella estaba un poco grande y me resultaba imposible que comiera sola. Sin embargo como el post iba sobre estos temas de alimentación y demás, me pareció buena idea comentar nuestro caso para ver si alguien con experiencia me podía dar algún tip interesante.

Sin embargo surgieron comentarios de madres “montessori” que decían cosas como que “nosotros todavía le ponemos pañales a Besay porque no queremos que crezca, no la dejamos crecer, la hemos hecho una niña dependiente”, etc.

What?

No creo que se pueda o se deba juzgar TODA UNA CRIANZA con un solo dato. Me he fijado mucho en que este tipo de personas, que no son pocas, tienden a hacer siempre comparaciones entre sus hijos y los hijos de los demás, como si estuviesen criando galgos de competición.

Precisamente el principio más básico del método Montessori es “educar para la paz”, y todos sabemos que las comparaciones son odiosas. Por tanto, algo no cuadra.

¿Es posible que hayan madres que se esfuercen al máximo por conseguir tener en su hogar un “ambiente Montessori”, con todo Montessori, y Montessori por aquí y Montessori por allá, pero que luego no sepan actuar con los demás basándose en este mismo principio?

El fanatismo que estoy conociendo últimamente se llama “Montessorismo” y es una nueva religión que se quiere desarrollar al pie de la letra aunque solo de forma aparente y superficial. Es como si se hubiera vuelto “trending” y una etiqueta para demostrar algo a la sociedad… Algo así como los selfies en Facebook e Instagram.

Hace unos meses una madre “montessorista” y yo rompimos nuestra amistad, cada una por sus motivos (cosas que pasan), pero ella decidió acabar con puros insultos… ¿En serio? ¿Era necesario? Jamás lo comprendí.

Es decir, educar y criar con respeto es super importante, pero considero que el respeto es una puerta que se abre en las dos direcciones. Es tan importante educar con respeto como educar PARA el respeto… porque las demás personas y el resto del mundo también importan. No solo nuestros hijos, sino los hijos de los demás y, en general, el resto de las personas…

Lo importante no es solo lo que tenemos en casa, porque no olvidemos que precisamente y como ya dije antes, el principio de Montessori es “educar PARA la paz”… ¿Hola? Sin embargo parece que el lema de muchos padres es pensar en que “como no es mío, no me duele y me da lo mismo”.

No estamos educando para la paz cuando nuestros hijos nos ven comparándolos, nos ven discutiendo con “desapego” con otros padres, nos ven haciendo feos a otros niños en el parque… Si. Haciendo feos.

El otro día en el parque Besay quiso jugar con unas niñas, pero estas no quisieron corresponderle, y Besa se sintió mal. Cosas que pasan. Así que se sentó al pie del tobogán un poco enfurruñada. Yo la estaba observando y cuando fui a acercarme a ella para hablar sobre lo que había pasado, vi que un padre iba a tirar por el tobogán a su hijo pequeño. Se fijó en que Besay estaba sentada al final del tobogán y entonces le lanzó de forma despectiva y grosera un “SSHHH!” (ese que le hacen a veces a los perros para llamarles  la atención)… Yo me quedé quieta, observando. Volvió y le hizo más fuerte aún “SSSHHHHH!!!!!, EH!”… Y luego añadió “Qué pasa?! Dónde están los padres de ESTA?”… Fue un poco absurdo que no me viera porque estaba a solo un metro y medio de él, observándolo fijamente. Me acerqué con una sonrisa de oreja a oreja (casi se me parte la mandíbula) y le dije “Si. Hola. Yo soy la mamá. Tranquilízate”. Me agaché junto a Besay y todo quedó en eso…

Este tipo de actitudes se ven perfectamente en padres que dicen educar con apego y respeto, y honestamente no lo entiendo.

Nosotros los padres debemos trabajar muchísimo en nuestro propio ser interior, en nuestras heridas de la niñez, desescolarizar nuestras mentes y desaprender mucho de lo que llevamos aprendiendo de forma directa e indirecta desde que nacemos.

¿Cómo podemos educar para el respeto y para la paz, si nosotros no respetamos y no nos comportamos de forma pacífica con los demás?

Los niños de los demás también importan, también son niños sensibles que necesitan amor, respeto, consideración y ser tenidos en cuenta.

Seguramente te habrán pasado cosas similares, cierto?

Les dejo por aquí una frase muy buena y acertada de una mamá amiga mía, hablando precisamente sobre este tipo de cosas:

Cuando nuestro hijo tiene superado ya algo y los hijos de los demás no, nuestro ego se sube y nos resulta muy difícil bajar unos escalones y hablar con el otro para ver si podemos ayudar a que esté bien también. Es horrible, pero nos hemos vuelto así. Es miedo realmente lo que tenemos a amar de verdad a los demás, porque no tenemos el registro interno de haber amado así, sino que cuando hacíamos algo mal de niños, nuestros padres nos retiraban el cariño. Y ahora nosotros lo hacemos con los demás.

Natalia, mamá de Bryan.

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