“Hola guapa”. Mi hija ya se está preparando para el acoso en la calle…

El otro día de camino a casa, viniendo de la playa, iba caminando con Besay y pasamos junto a un señor mayor. Al hacerlo, éste, que nos miraba de forma ininterrumpida, le dijo a Besa “Adiós, guapa”.

Por un momento me sentí incómoda, porque aunque pueda sonar a algo “inofensivo” y yo parecer una exagerada, en realidad me di cuenta de que esa iba a ser la primera de MUCHAS.

Ella no le dijo nada y continuó su marcha. Entonces él, la siguió con la mirada y le dijo “¿No te gusta que te digan ‘guapa’?” Y entonces yo me giré, lo miré y le dije “NO”. Para colmo, Besay también le dijo que “no”.

El resto del camino me fui pensando, y muy molesta, en el acoso que las mujeres pasamos en la calle, cuando, sin ningún tipo de reparo, vergüenza o respeto, algún tipejo nos dice algo. ¿Por qué narices me tienes que decir nada? ¿De qué te conozco yo a ti? ¿Te he dado la confianza para que te creas con derecho de decirme algo? ¿Y si te sigo hasta tu casa y se lo cuento a tu mujer?

El otro día, uno de tantos, venía a casa y pasé por fuera del bar que tiene una terraza (la típica escenita). En ese momento solo yo pasaba por allí y en una de las mesas, habían unos tipos de entre 40 y 60 años. Uno de ellos, sentado en plan “macho alfa” me silbó. No me dio la gana dejar las cosas así y me giré, y lo miré de frente. En ese momento él, que me estaba siguiendo con la mirada, puso cara de susto y giró su cabeza hacia todos lados como si estuviese buscando una mosca, todo por no saber dónde mirar y disimular.

Yo lo seguía mirando de frente y le dije “¿Te crees que soy un perro para que me silbes?”. Entonces él se puso en modo mentiroso y me dijo “yo no te estaba silbando a ti. Eso seguro”. Y le dije “Ni si quiera te dignas a ser honesto” y continué con mi ruta hasta casa.

Noté que él se quedó cortado, y yo furiosa. Cuando llegué a casa estaba muy molesta y le conté a mi marido lo cansada que estoy de no poder ir tranquila por la calle sin que tipos sin ningún tipo de vergüenza se paren a OBSERVAR… Y OBSERVAR… Y OBSERVAR… Y OBSERVAR… y al final digan algo.

Pero vamos a ver… ¿QUIÉN TE CREES QUE ERES?

¿Saben? Pasaba algo muy asqueroso cuando salía con mis amigos, en mi época de soltera, o con antiguos novios, y era la siguiente escena:

Vas aparentemente sola por la calle y un “tontolaba” te dice algo sin venir a cuento, sin conocerte de nada y en plan confianzudo. En ese momento aparece un amigo tuyo o tu novio, y entonces el macho alfa número 1 ve al macho alfa número 2 y le dice “Ey, perdona tío. No sabía que estaba contigo. Si no, no le hubiera dicho nada”… Y entonces, cuando creías que ya no se puede ser más apestoso, va tu amigo o novio y le dice “Tranquilo tío. No pasa nada”… jajajajajaja

¿Hola? Es decir, si voy sola, soy una posesión sin dueño y entonces otros me pueden decir lo que les de la gana, porque no alcanzo a ser ni persona para ellos (es por eso que no les da vergüenza). Y si voy con acompañante, entonces paso a ser una posesión con dueño y, por tanto, SE RESPETA. Pero ojo, que no te respetan a tí… respetan a tu dueño.

Y en todas estas cosas iba yo pensando mientras volvía a mi casa con Besa, molesta… Mi hija, que nació siendo mujer, está sentenciada a tener que aguantar a estos babosos sin respeto hasta que se le caigan las tetas y ya carezca de interés total. Y claro, mejor que se vaya acostumbrándo a escuchar eso de “Hola, guapa” y también a sentirse invadida desde temprano para ir normalizando.

CORAJEEEEEEEEEEEEEEEEEE!!!

Por eso, insto, POR FAVOR, a las madres de los varones, futuros hombres de esta sociedad, a que les enseñen a respetar a las personas en general, a no consentirles que anden de machitos, a darles un buen ejemplo en casa y a educarles para el respeto, el amor, la consideración, la justicia, la igualdad y la honradez.

Solo así podremos, algún día, dejar de enseñarles trucos a nuestras hijas para evitar ser abusadas, violadas, acosadas, etc., etc., etc.

Leí hace tiempo esta frase que me dejó muy reflexiva, aunque no sé si sea cierta al 100%, porque hace recaer todo el peso de la responsabilidad en una sola persona, cuando la crianza es cosa de dos…

¿Será…?

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