Problemas de pareja ¿El bebé une o separa?

Este es un tema bastante complicado en cuanto a problemas de pareja se refiere. Realmente, aunque lo pintan súper feliz y todo súper mega mágico y maravilloso, criar a un bebé es duro. Es muy duro. Seamos realistas.

Hay peleas y riñas porque uno hace más que el otro, o porque uno se desvive más que el otro, o porque a uno no le gusta cómo lo hace el otro y una infinidad infinita, valga la redundancia, de motivos varios.

Sin embargo, mi respuesta a si un bebé une o separa es… esta:

Un bebé debería unir por cuanto nace una familia de donde antes solo existía una pareja. Ahora hay una unión distinta, a nivel espiritual y a nivel emocional, moral,…

¿Por qué digo esto? Porque en realidad somos nosotros quienes desunimos la relación. Tenemos la fea costumbre de señalar y estar pendientes de lo que hace el otro y pienso que las parejas se rompen porque no hay disposición a cambiar, sino a exigirle al otro, a esperar del otro y en resumidas cuentas nuestra felicidad la queremos cargar sobre los hombros de otra persona, cuando nuestra felicidad depende de nosotros mismos y de cómo vemos el mundo. Tu pareja no tiene la responsabilidad ni la obligación de hacerte feliz y cumplir todas tus espectativas y sería bueno que enseñáramos esto a nuestros hijos, porque por culpa de argumentos como los de las películas Disney es que las niñas crecen creyendo ser princesas merecedoras de un príncipe perfecto y esto es un gran engaño. Ni los príncipes son reales, ni son perfectos, ni las princesas son como en los cuentos ni tampoco se merecen el oro y el moro sí o sí. Nadie es perfecto y nosotras tampoco lo somos. Asumiendo esto todo será más fácil.

Si tenemos fallos, complejos, manías, etc., deberíamos invertir más tiempo en meditar sobre todo esto antes de decidir señalar y atacar a nuestra pareja. Lo que quiero decir es que, aunque haga o hagamos cosas que molestan al otro, lo cual siempre pasa, hemos de saber y aprender a ponernos en los zapatos de la pareja. “¿Por qué reaccionará así?” “¿Por qué hará las cosas así?”

Comunicación y buena voluntad son la clave. Si uno no tiene buena voluntad, o ni si quiera tiene voluntad de querer que las cosas mejoren… entonces no hay nada que hacer. La otra persona simplemente esperará hasta cansarse y tirar la toalla.

Con respecto del recién llegado, el bebé, se hace complicado porque son muuuuuuchas cosas nuevas especialmente para la mamá a la cual se le añaden las molestias de toooodo un embarazo, de un parto, de una explosión de cambios hormonales, de preocupaciones, de la lactancia, de las noches sin dormir por el bebé, de los dolores post parto, de pronto hasta algún complejo por el físico, de las posibles presiones por parte de familiares y/o conocidos con respecto al bebé (todo el mundo quiere aconsejar y enseñar cómo se hacen las cosas), por no decir de la posible presión psicológica que se puede pasar cuando la lívido mengua y no hay ganas de tener relaciones con la pareja (lo cual es una frustración para el papá)… y … en fin. Son muchas cosas que no son nada fáciles juzgar porque a cada parte le toca su carga personal y no son momentos para tirarse los trastos a la cabeza, sino de comprenderse, de hacer un parón, mirarse y apoyarse.

Ver a la pareja como enemigo no soluciona las cosas. Tenemos la manía de no observar nuestros fallos primeramente y de machacar los fallos de los demás.

Si vemos que nuestra paraje tiene un problema de actitud lo que deberíamos hacer, si somos inteligentes, es tratar de comprender cuál es el foco de dicha actitud y ver de qué forma podemos ayudar, en lugar de presionar.

Hay veces que no se puede y no hay manera, es cierto. Pero otras veces nos enfrascamos en “lo que yo hago y tú no haces” y seguramente tendremos razón, pero eso no ayuda a que las cosas se solucionen.

Las personas somos niños que durante toda la vida no pararemos de aprender. Hay quienes tienen mayor facilidad para entender o hacer ciertas cosas mejor, como darse cuenta de algo, porque va en su lógica, su sentido común, pero hay personas a las que les cuesta más darse cuenta de ciertas cosas y lo que necesitan es que los ayuden.

La psicología prima en las relaciones de pareja. Si quieres ganarte a tu marido o tu mujer de enemigo, entonces critícalo todo el tiempo, resalta todo lo que haga mal, tírale indirectas y trátalo como si fuera una molestia. Pero si lo que quieres es que las cosas se arreglen, trágate el orgullo e intenta ganártelo cambiando primeramente tú la actitud, siendo más cariñoso o cariñosa, intentando animar con un comentario positivo, sentándote de pronto con él o ella para exponer, como si de dos amigos se tratara, cómo te sientes con todo este cambio o pregúntale más bien cómo se siente él o ella…

Esto ayuda a que pese criar al bebé pueda ser algo complicado, pueda ser algo más liviano si sabemos que nuestra pareja está ahí como ayuda y no como alguien que te lo hace todo mucho más difícil.

Yo, como madre y persona creyente, sé que “el amor edifica”. Si una persona te viene a hacer una crítica fea y tú sin embargo le haces un comentario positivo y hasta de pronto bonito… ¿cómo crees que se quedará? Lo rompes por completo y hasta lo haces reflexionar. Lo ablandas y lo derribas!

Evidentemente hay casos y casos, y personas de todo tipo. Es difícil y complicado, pero cuando en una pareja las cosas van mal, vale la pena ponerse ante el espejo, valorar los fallos propios y asumir la parte de culpa (porque nunca la culpa la tiene al 100% el otro). Cambiar nosotros mismos ayuda a hacer cambiar al otro y en la crianza también hace falta organizarse.

Si la mamá pasó la noche pendiente de dar el pecho y el papá pudo descansar, lo lógico es que al día siguiente el papá colabore aligerando a la madre la carga de tener que estar cambiando pañales, haciendo la comida, etc. Todo dependerá de las horas que se pasen en casa por el tema del trabajo, de la situación de cada uno… pero colaborar en todo lo que se pueda es imprescindible. Repartirse en la medida de lo posible las labores tanto de la casa como las que tienen que ver con el bebé es importante y esto, además, refuerza la relación. Un matrimonio es como una empresa donde ambos deben poner de su parte, deben hablar sobre el negocio y sobre cómo va marchando, sobre gastos, sobre objetivos, etc.

Yo tuve la suerte de tener unos padres ejemplares que en su matrimonio superaron infinidad de problemas e inconvenientes. Ellos me dieron un gran ejemplo de cara a afrontar los problemas de frente y solucionarlos, y me enseñaron, sin darse cuenta, de que la separación no es una opción. No digo con ello que nadie se divorcie. Solo digo que muchas personas tiran por lo rápido que es marcharse, cambiar de pareja o cambiar de vida… Sin embargo lo que no entendemos es que cada vez que hacemos esto huimos de nosotros mismos y de un aprendizaje en nuestra vida. Dejamos de evolucionar. Muchos de los problemas que vemos en otros, son problemas nuestros que vemos reflejados en los demás y no es sano evadirlos o tomar la vía rápida.

Sé que hay personas que son imposibles, matrimonios que son imposibles y que para estar viviendo pelea tras pelea y que el bebé se críe aguantando semejante situación, mejor separarse y que ambos puedan ser mejores padres y madres para sus hijos. Aunque a esto le tengo que añadir algo y es que, pese a las riñas entre mis padres que muchas veces aguantamos mi hermano y yo, ambos agradecemos que no se hayan divorciado porque para nosotros hubiese sido, pienso, más traumático el tener que ver a mi padre con otra mujer o continuando solo, y lo mismo por parte de mi madre… Hubiese sido extraño y, pese a que los niños se terminan acostumbrando… creo que para nosotros, y hablo por nosotros, hubiese sido más difícil y complicado vivir esto que experimentar el proceso que hizo falta pasar para que mis padres solucionaran sus diferencias.

Cada quien sabe qué situación vive y si su matrimonio realmente se puede arreglar o si todo terminó, pero lo que trato de decir es que no enfoquemos las cosas como si “el bebé fuese la razón de tal separación”. Nosotros somos nuestro propio problema y también nuestra propia solución. Somos nosotros quienes tenemos fallos y diferencias que afloran cuando vivimos situaciones nuevas y de nosotros depende saberlas superar o no.

Así que por eso pienso, y solo es mi opinión, que un bebé no separa. Nos separamos nosotros cuando nos negamos a cambiar y evolucionar y eso es lo que significa un bebé: cambios y evolución.

Ánimo! ;)

 

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